- Dejas de sentirte incapacitado o incapacitada.
- Haces tus planes sin que el dolor aparezca y los arruine.
- Dejas de preocuparte por no ser buen padre, madre, pareja, trabajador o trabajadora... y empiezas a poder estar para ti y para los demás.
- Dejas de sentir tu cuerpo como un lastre.
- Empiezas a ganar calidad de vida.
- Dependes menos de tratamientos o terapias.
- Ya no te preocupa lo que los demás opinen sobre tu situación.
- Recuperas autoestima y bienestar.
- Consigues olvidarte del miedo al dolor y del miedo a moverte.










