Sobre mí

MARÍA PIÑOL.

MÉDICA COLEGIADA Nº 0313229.

Cuando acabé la carrera de medicina me di cuenta de que no quería ser médica.



O al menos, de la manera en que la había aprendido.



Durante esos años en la universidad ya me empezaba a dar cuenta de que había algo que no me hacía estar tranquila.



No sé si era el tratar con síntomas, con enfermedades o con números.



Que prácticamente la única herramienta era la farmacológica.



O que no había tiempo (o al menos todo el que quería) para indagar en la persona.



La cuestión es que cuando acabé, empecé a buscar otras opciones.



Medicina tradicional china, acupuntura, ayurveda, reiki, PNIE...



Y de lo que iba leyendo e informándome, algo me decía que tampoco era por ahí.



Seguía sin estar tranquila.



Un día sumida en la crisis de no saber qué hacer con mi vida, descubrí lo que en los últimos años ha supuesto una auténtica revolución para el mundo y para mí.



Lo llaman educación en neurociencia del dolor (PNE por sus siglas en inglés).



El nombre no es importante, lo que realmente importa es lo que consigue en las personas con dolor persistente.



O más bien, lo que consiguen las personas hacer con su dolor gracias a la PNE.



Y cuando hablo de dolor me refiero a aquellas etiquetas diagnósticas como migraña, fibromialgia, lumbalgia crónica, cervicalgia crónica, dolor pélvico crónico o por simplificarlo más: aquél dolor que sufres y te impide tener una vida.



Total.



Que me estudié a los principales referentes en este campo y sus teorías: Arturo Goicoechea, David Butler y Lorimer Moseley, principalmente.



Y empecé a aplicarlo a las personas que acudían a mí.



Ver como una persona pasa de la desesperación, la frustración y el sufrimiento por culpa del dolor a la alegría, las ganas de vivir y a llorar de emoción, a mí me da la vida.



Y lloro de la emoción también.



Porque como he dicho al principio, yo me desilusioné totalmente de la medicina, creía que no tenía cabida para mí, no era mi lugar.



Lo que no sabía es que podía crear el lugar que quisiera desde la intuición y el corazón.



Y es lo más bonito que me ha pasado estos últimos años.



Tratar a mis pacientes desde un abordaje que contempla a la persona y no a la enfermedad, es un sueño cumplido.



Lo que también es un sueño es escribir y compartir cada día un consejo sobre el dolor, sobre cómo aprender a dominarlo, y sobre cómo ser tú tu propio remedio.



Con un lenguaje práctico, entretenido y sin tecnicismos.



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Más cosas sobre mí:

  • A veces busco la aprobación de los demás para aprobarme a mí misma.

  • Me cuesta expresar mis miedos e inseguridades pero cada vez que lo hago me cuesta menos.
  • Quien me conoce sabe que invitándome a una (o varias) cervezas puede conseguir lo que quiera de mí.

  • Tengo una mascota que se riega.
  • Me da mucha pereza hacer cosas que no me motivan.
  • Mi síndrome de abstinencia al deporte no me deja estar más de dos días seguidos sin mover mi body.
  • Me encanta dormir la siesta en el suelo.
  • Me flipa reirme y hacer reir a la gente, pero solo cuando me apetece.
  • Tengo la suerte de vivir cerca del mar y cuando me desconecto voy cerca de él para conectarme.

  • Escribo esta última para que sean 10, y quede como un número redondo y más perfecto. Ah, mi perfeccionismo a veces me satura.